Ingenuidad

José Celis

La semana que termina estuvo marcada por varios escenarios donde la ingenuidad fue protagonista en muchos niveles dentro del contexto del fútbol en Colombia, en situaciones que siguen indignando, pero que ya no sorprenden y que se han vuelto paisaje.

Ingenuidad fue pensar que pagarle a un grupo de barras bravas iba a tener buenas consecuencias en el largo plazo. Atlético Nacional ha vivido una auténtica pesadilla institucional y de imagen desde la decisión de romper lazos con ‘Los del Sur’. Ingenuo fue el equipo ‘Verdolaga’ al pensar que la barra mencionada se iba a portar bien el domingo en el Atanasio Girardot en el clásico contra América de Cali, así como fue ingenuo pensar que no existiría confrontación con el ESMAD en pleno estadio.

Ingenuos fuimos al pensar que las autoridades tomarían cartas en el asunto, cuando el secretario de gobierno de Medellín Juan Pablo Ramírez decidió echarle la culpa de todo a Atlético Nacional y posar más como un vocero de ‘Los del Sur’ que como un representante gubernamental que busca el bien común que incluye un equilibrio entre lo público y lo privado.

Ingenuo es el presidente de Atlético Nacional, Mauricio Navarro, cuando posa como víctima ante los medios de comunicación cuando él mismo ha hablado del pago de ‘extorsiones’ durante más de 20 años por parte del club a las barras bravas. Ingenuos son los que piensan que Nacional es el único club que ha realizado esas prácticas en el país o en cualquier otra parte del mundo, así como son ingenuos los que defienden el ‘color’ y el ‘folklore’ dando la espalda a los episodios de violencia.

En un mar de ingenuidad hay poca sensatez, porque al final del debate no tiene la razón un club que le entregó la logística y dinero a un grupo de hinchas, ni tampoco tiene la razón un grupo de hinchas que usan las amenazas y la violencia como recurso para imponerse una vez les quitan ‘los beneficios’ que han recibidos durante años.

Solo queda la imagen del fútbol colombiano que en 2023 se ha seguido deteriorando por cuenta de los violentos, unas autoridades que con su ineptitud solo le dan la luz verde a estos grupos y al final solo hay perdedores, porque aquella familia o aquellos aficionados que se alejan por obra de los violentos, con el tiempo solo perderán interés en el producto y será cada vez más difícil traerlos de vuelta a las canchas o a comprar una costosa suscripción por televisión.

Al final todo esto son situaciones que se repiten, una y otra vez, que generan clics, opiniones y demás sin que haya una solución de fondo. Nunca sabremos qué pasó con el dinero del enrolamiento de hinchas que hace varios años cobró la Dimayor y del cual nunca se vieron resultados y al gobierno nacional (y a varios gobiernos locales) no les importa esta problemática, ya que solo buscan obtener votos.

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