El dinero puede más que la pasión en el FPC

José Celis

¿Hay crisis en el fútbol colombiano?

No es una pregunta descabellada con lo que está pasando: tres clubes desaparecidos en menos de un año: Valledupar FC, Cortuluá y Alianza Petrolera. Más que los clubes como tal, son las marcas las que dicen adiós, porque los directivos y las estructuras continúan, pero en otras ciudades.

En el modelo estadounidense de las franquicias deportivas, estas instituciones buscan generar recursos mediante la explotación de la imagen e identidad local por medio de un deporte popular. En Colombia existe un modelo similar, el de las fichas de Dimayor, que es mal visto por lo que está pasando en la actualidad sin ser algo nuevo o ajeno a la realidad del negocio del deporte profesional.

Ya son bien conocidos los casos de los nuevos equipos del fútbol profesional colombiano (FPC) Real Soacha Cundinamarca, Internacional FC de Palmira y el nuevo Alianza FC (le dejó a Barrancabermeja el Petrolera y los colores), que dejaron atrás su identidad previa, su ciudad, sus hinchas (porque los tenían), en busca de mejores horizontes. Sin embargo, ¿estos cambios denotan una crisis?

Para entender mejor el concepto de franquicias hay que ir a Estados Unidos con casos históricos y recientes. En el béisbol de Estados Unidos ha habido muchos cambios de ciudad de las franquicias; un ejemplo es el de los Dodgers que fueron de Brooklyn entre 1884 y 1957, año en el que se trasladaron a Los Ángeles.

Vale la pena recordar el caso de los Seattle SuperSonics que dejaron la NBA en 2008 cuando su dueño los movió a otra ciudad para ser un nuevo club, lo que hoy es Oklahoma City Thunder. Hace poco, en 2020 se creó Las Vegas Raiders en la NFL luego de ser los Oakland Riders entre 1995 y 2009. Además, se prevé el traslado de los Oakland Athletics (de las Grandes Ligas de Béisbol) también a Las Vegas en 2027, a menos que su dueño venda el equipo.

Por supuesto que hay diferencias y comparar es odioso. Las franquicias desaparecidas en Estados Unidos también dejaron atrás ciudades y fanáticos, generaron rivalidad, pero siempre fue buscando un bien mayor, usualmente un estadio moderno con mejor capacidad y mejores garantías por parte de los gobiernos locales.

En Colombia, los equipos que se mueven de ciudad usualmente lo hacen por obra y gracia de un político de turno sin un proyecto a largo plazo o un escenario deportivo de alto nivel. El dinero público ha servido desde hace más de 30 años como herramienta de votos para que los equipos se muevan como yo-yo entre ciudades (como el actual Jaguares de Córdoba que estuvo de tour por Colombia entre 2008 y 2013 pasando por Girardot, Palmira, Buenaventura y Sincelejo hasta llegar a Montería). Todo esto deforma el modelo de franquicia estadounidense y lo convierte en el modelo de la Liga MX. Para no ir tan lejos y comprenderlo hay que recordar el triste final de Monarcas Morelia con el posterior surgimiento del Mazatlán FC, y el caso del desaparecido Lobos BUAP y el actual FC Juárez.

Los dirigentes siguen siendo vistos por la opinión pública como los ‘malos del paseo’, pero la realidad es que los clubes profesionales no solo viven de los derechos de televisión (los actuales terminan en 2026) y necesitan del dinero público para seguir existiendo, en el caso que no encuentren otras fuentes de ingreso como venta de jugadores o convenios deportivos. ¿No recuerdan que Valledupar fue filial de Atlético Nacional y de Millonarios, y Alianza Petrolera hizo convenio deportivo con Atlético Nacional para ascender?

La crisis es de ingresos

La única forma en que un club sea viable en el FPC es que tenga hinchas de verdad y no de teclado, que vayan al estadio, paguen la boleta y compren productos originales. Para que eso pase hay que ofrecer un producto atractivo real, o como lo ven en la MLS, una experiencia. Sin embargo, las posibilidades de éxito de nuevos equipos colombianos en el futuro se reducen bastante cuando pierden credibilidad al convertirse en nómadas por el país (Águilas Doradas ha jugado en Itagüí, Pereira, Rionegro y aún no tiene sede para este año).

Lamentablemente, entre dirigentes y políticos con estas decisiones se encargan en quitarle confianza al hincha del equipo del FPC de su ciudad o región, que con justa razón termina convirtiéndose en “hincha” de televisión del Real Madrid, Barcelona o Manchester City. Valdría la pena hacer un estudio de mercado serio en el país.

La solución a toda esta problemática no es ni siquiera cumplir la promesa vana de Jorge Perdomo (expresidente de Dimayor) de crear la Primera C profesional, torneo que fue revivido por Difutbol en 2021 con clubes aficionados, pero que es invisible ante los medios y sigue sin tener ascenso a la Primera B por el bloqueo que genera ser socio Dimayor y el dinero ya negociado por derechos de televisión hasta 2026.

La solución tampoco está en saturar el calendario de partidos (como creen los directivos de la mayoría de clubes). Sin pretender dar la verdad absoluta, creo que el tema pasa por la planificación y creación de marcas viables (con estudios de mercado y no creadas en Paint) en zonas donde se pueda generar sentido de pertenencia (como el que habían logrado Valledupar FC, Cortuluá y Alianza Petrolera) además de recursos e infraestructura y se demuestre que hay potencial para que haya la conversión de hincha a cliente a partir de los resultados deportivos (no hay otro camino).

Hinchas de equipos ‘grandes’ ya hay en todo el país e hinchas que no van al estadio y no compran productos originales de su equipo a lo sumo son seguidores, pero no consumidores y ellos son la mayoría.

Como colofón, aunque no parezca, Dimayor no es el culpable de absolutamente todo. Sería mejor revisar qué es lo que pasa con ”el equipo que verdaderamente amas” antes de que llegue un político a ofrecer mejores condiciones económicas (probablemente las de infraestructura sean un render para la licitación respectiva), porque así como pasa en Colombia, también en otras partes. El modelo no va a cambiar.

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